Aprender de papá

Mucho se escribe y se habla de la importancia de la madre en la crianza, pero, con el día del padre próximo a celebrarse es válido preguntarnos ¿Qué pasa con papá? ¿Cuál es su función? ¿Qué ventajas tiene un padre presente y dedicado en la vida de los hijos? ¿Qué lecciones valiosas nos enseñan los padres?

Paola Ojeda, psicóloga clínico especializada en el área infantil y creadora de @psicotu en Instagram, para la revista Estampas, explica que el padre no es un participante secundario sino que también “tiene acciones primarias dentro de este papel familiar”. “Estudios recientes demuestran que un niño que tiene contacto con su padre desde el nacimiento, o partir de los seis meses, que es cuando comienza a reconocer segundas figuras, tiene una mejor estabilidad emocional y un mejor contacto con la sociedad pues el papá es una figura más de contención dentro de los límites y estructuras que debe tener la personalidad de cada individuo”, explica.

 

Yo puedo “hablar” por mí, que tuve un padre que cambiaba pañales y se despertaba en las madrugadas y por lo que veo en Alana, mi hija de cuatro años, que tiene un papá que la peina como “Elsa” (la princesa de la película Frozen) y que cada vez que viaja por trabajo ella lo extraña “con locura”. “No me puedo dormir sin mi papi”, me dice. Y es que para una niña “el padre” es “el príncipe azul”, ese que será referencia para todas las relaciones venideras.

 

Y porque el rol de papá merece ser reconocido y celebrado, comparto algunas de las enseñanzas que aprendí del mío y que veo a mi hija aprender del suyo:

 

  1. Que todo va a estar bien. Aunque mamá también es figura de contención, en mi caso y en el de Alana, papá es ese bálsamo al que uno recurre cuando “la tormenta” se avecina. Saber al mío en mi vida me ha dado seguridad para poder lograr todo lo que me propongo.

 

  1. Que el trabajo dignifica y fortalece. Ambos, mi padre y mi esposo, tienen una ética de trabajo muy arraigada, no solo por la responsabilidad con la que desempeñan sus labores sino por el amor que le imprimen a lo que hacen. Y aunque yo también le enseño a mi hija esos valores, como trabajo desde casa, a quien ve salir temprano todos los días “enfluxado” es a papá.

 

  1. Que “en equipo” todo es más fácil (y divertido). A Alana siempre le decimos que somos un equipo y fue lo mismo que yo vi en casa. Ella sabe que cada uno tiene diferentes responsabilidades pero que entre todos siempre nos ayudamos.

 

  1. Que no existen tareas “de hombre” y “de mujer”. Con alguna excepciones, como tal vez amamantar, el resto de los quehaceres pueden ser desempeñados por ambos indistintamente. Los “hombres de mi vida” ambos cocinan, friegan, lavan, planchan y estoy educando a mi hijo pequeño para que sea igual.

 

  1. Que antes de decir “no puedo” debemos intentarlo. Mi papá es probablemente una de las personas más proactivas y eficientes que conozco, tanto en su carera profesional como en los trabajos de la casa. Cada vez que algo se dañaba en el hogar, antes de llamar a un experto lo intentaba él. Eso me enseñó con el ejemplo que a veces las barreras solo están en mi mente. Mi esposo es igual con Alana y siempre le repite: “Tú puedes hacer lo que te propongas”.

 

  1. Que está bien ser vulnerable. Nunca he creído en eso de que “los hombres no lloran” ni de que no pueden ser afectuosos. Al contrario. Tanto mi padre como mi esposo, aunque reservados, se muestran ante sus hijos tal como son. Creo que es importante aprender desde la infancia que está bien sentirse tristes o molestos, indistintamente del género, y que lo importante es intentar encontrar una solución o en el caso de que no la haya, aceptar las circunstancias con madurez.

 

  1. Que la familia es lo más importante. A pesar del trabajo y de las obligaciones, la familia siempre, siempre, es lo primordial. Así me lo hizo (y me lo hace) saber a mí mi papá y eso mismo hacemos con Alana. Por esa razón, nuestros fines de semana son “sagrados” y los dedicamos a compartir y divertirnos juntos.

 

Fuente y fotografía: Estampas por Carla Candia Casado