Catalina de Cambridge brilla con una tiara de Isabel II

El líder chino regaló a la Reina discos de su mujer, la cantante Peng Liyuan

Aunque está hospedado en el hotel Mandarín Oriental de la lujosa calle comercial de Knightsbridge, a un paso de Harrods, anoche el mandatario chino Xi Jinping y su esposa descansaron tras la cena de gala en la suite belga de Buckingham, las mismas estancias donde nacieron los príncipes Andrés y Eduardo.

Las autoridades británicas se han volcado hasta rozar casi la adulación con la visita del dirigente chino, que se espera deje en el país inversiones por más de 40.000 millones de euros. La cena de gala reunió a 170 invitados. Para realzar la importancia de la ocasión, Isabel II bajó a supervisar los preparativos del banquete antes de su celebración, una imagen que fue distribuida por Palacio en las redes sociales. Por la tarde, Xi Jinping y su esposa tomaron el té con Carlos y Camilla en Clarence House. Por tercera vez, el príncipe Carlos, que siente una gran simpatía por la causa del Dalai Lama, no asistió al banquete oficial con un presidente chino, sin explicar la razón.

 

La Duquesa de Cambridge fue la estrella social de la velada. El protocolo la situó en el tercer lugar más preeminente tras la Reina y su huésped, en la cabecera de la mesa a la derecha del líder chino. Catalina de Cambridge lucía un llamativo vestido rojo de su favorita Jenny Packham y la Tiara de Flores de Loto, préstamo de Isabel II. Era el primer banquete de Estado en Buckhingham de la esposa del príncipe Guillermo, segundo en la línea sucesoria. Por segunda vez empleaba una diadema de diamantes (la otra ocasión había sido en su boda, en abril de 2011, con una de Cartier). La tiara de Flores de Loto, también conocida como Papyrus, pertenecía originariamente a la Reina Madre. La Duquesa, muy delgada, también llevaba un brazalete que en su día le había regalado el Príncipe Felipe a Isabel II y otro creado a partir de joyas de una gargantilla de la Reina Madre.

 

Mientras en Buckingham sucedían todos estos fastos de alta etiqueta, el Príncipe Enrique de Inglaterra era captado por los paparazis saliendo del palacio de Kensington ataviado con un simple plumífero y con la barba rubia y el pelo descuidado que se ha dejado. La ley de la cuna lo hace irrelevante.

 

Por su parte Jeremy Corbyn, el líder laborista, un republicano declarado, aceptó el chaqué de gala con pajarita blanca. Aunque por la tarde se había presentado en palacio con corbata roja y camisa de listas para conversar en una sala de Buckingham con el líder chino. Corbyn había sido objeto de polémica cuando nada más llegar a la jefatura laborista se negó a cantar el «Good Save the Queen» en un oficio religioso en la catedral de San Pablo por los caídos en Londres en la Segunda Guerra Mundial. Pero el roce con el poder atempera los radicalismos y ayer ya se avino a la etiqueta, que exigía a los hombres blanco y negro y chaqué.

 

El líder chino iba por completo de negro, con una elegante levita de corte asiático con bordados sobre la abotonadura. Durante la velada sonaron canciones folclóricas chinas, recreaciones instrumentales de temas de The Beatles y hasta el tema principal de la banda sonora de «La espía que me amó», una película de James Bond (era Roger Moore). Bond y la Reina parecen estar en buenas relaciones desde su celebrado encuentro humorístico en un vídeo que causó sensación en los Juegos Olímpicos de Londres.

 

Al mediodía, el matrimonio Jinping había comido en privado con la Reina, momento en que se produjo el intercambio de presentes. El autócrata chino regaló a la soberana discos de su mujer, Peng Liyuan, cantante de fama en su país. Isabel II respondía con algo más clásico: los «Sonetos» de Shakespeare y unos candelabros. Jinping pasa por ser un gran admirador el poeta inglés y de hecho lo citó en su alocución en el Parlamento. La Reina y el Duque de Edimburgo, que en su día hizo algunos comentarios polémicos sobre los chinos, mostraron a su huésped algunas piezas del país oriental que se custodian en la colección de arte de palacio.

 

El presidente Jinping, de 1.80 de estatura y gesto serio, es un hombre hecho a sí mismo, que se crió en una cueva de una aldea china, convertida hoy en lugar de peregrinación. En su visita a Inglaterra ha pedido visitar un auténtico pub inglés. Jinping conoce bien Occidente, pues en su día pasó una estancia con una familia de Iowa, cuando fue enviado por el Gobierno a estudiar la agricultura de Estados Unidos.

 

Hoy el huésped oriental visitará a Cameron en el 10 de Downing Street y estará en el Imperial College de cara a firmar unos acuerdos educativos entre ambos países.

 

Fuente y fotografía: ABC por LUIS VENTOSO / MADRID