Claves sobre el bullying

El bullying es la exposición que sufre un niño a daños físicos y psicológicos de forma intencionada y reiterada por parte de otro, o de un grupo de ellos.

Para entender un poco mejor este tipo de acoso escolar, los psicólogos sanitarios y monitores de Acción Familiar Aragonesa (AFA), Juan Fernández-Rodríguez Labordeta (miembro de la Junta de Stop Bullying Aragón) y Adrián Pino Bonacho (miembro de EDS Terapéutica Integral en Madrid), explican cuándo se produce y cómo solucionarlo.

 

Cuándo decimos que es bullying

Desde que un niño realiza bromas hasta que se consideran acoso, tienen que darse necesariamente una serie de situaciones:

Relación basada en el poder y el miedo: el acosador siempre es más fuerte, ya sea a nivel físico, emocional o social.

Recurrencia: la agresión se mantiene en el tiempo y en la persona.

Intención dañina: el acosador utiliza a la víctima como una forma de compensar su inseguridad, convirtiendo al otro en un chiste. De este modo, gana también la atención y la simpatía o temor de sus iguales.

Partiendo de que toda broma tiene siempre un componente de realidad, “la respuesta a ésta puede considerarse como una forma para el acosador de tomar la medida a un compañero y luego convertirlo en el objeto de sus agresiones”, señalan los expertos.

 

Aprendizajes antes que desencadenantes

No existe un perfil concreto de buller, existe una persona que convierte el ofender a otros en una forma de hacerse valer. Por ejemplo, el acosador puede manifestar comportamientos que generan temor, una gran capacidad humorística contra otros o habilidades sociales para caer bien a unos por miedo a ser ridiculizados. Pero, ¿por qué comienzan a producirse estos ataques?

 

“Los seres humanos aprendemos desde pequeños de los que vivimos en nuestras propias carnes y de lo que vemos que se pone en práctica en nuestro entorno, especialmente la familia”, afirman los psicólogos. Por lo que los niños que de pequeños hayan sido agredidos, física o verbalmente, trasladan estas conductas a su comportamiento durante la etapa escolar.

 

Aunque ésta no es la única vía de aprendizaje, ya que hay situaciones en las que el niño ha podido ser víctima de acoso y ha sido, años más tarde, quien ha iniciado el mismo comportamiento con otros, pasando de ser el acosado al acosador.

 

Consecuencias

Tras ver el ‘éxito’ de estas conductas agresivas, se pude generar una “mayor propensión a practicar mobbing en el trabajo y también a maltratar a su pareja, puesto que la estructura de agredir a iguales para sentirse bien emocionalmente, es la misma”, aseguran Fernández-Rodríguez y Pino Bonacho.

 

Esto está inducido, además, porque la sociedad “premia el éxito logrado a través de la competitividad y la agresividad, factores que se dan dentro del acoso escolar”, coinciden ambos expertos.

 

¿Es posible evitarlo?

Sabiendo que el bullying es un conflicto grupal, existen personas que son conscientes de la situación y no toman partido. Esta ‘no actuación’ refuerza el papel del acosador.

 

Las iniciativas basadas en la inteligencia emocional y la mediación, están mostrando una mayor eficacia. Estos programas consisten en:

 

Inteligencia emocional: todo aprendizaje que no tenga que ver solo con lo intelectual, sino con el poder reconocer cómo nos sentimos y qué hacer al respecto, facilitará la toma de decisiones y frenará muchas situaciones desagradables. De una manera dinámica se suele enseñar esta forma de vivir desde los cursos de infantil o primaria para que puedan crecer de otro modo y sobre todo, les sea más accesible poder entenderse a ellos mismos.

Mediación: en Aragón hay un programa llamado compañeros ayudantes que consiste en que, después de que algunos educadores voluntarios se hayan formado en la materia, puedan transmitir estos conocimientos a alumnos que han sido elegidos entre sus compañeros, y así sean los agentes que intervengan en los conflictos entre iguales. Al tener mayor confianza en compañeros del colegio que en adultos, y ser mejor comprendidos por éstos, llegan a soluciones mucho más satisfactorias y con relativa facilidad. En los casos graves, derivan a los adultos para que analicen e intervengan.

Trabajando el miedo que sienten hacia el problema y ayudando a ‘ver’ la situación, como grupo verán lo injusto de la situación y mostrarán rechazo al agresor. También es importante ayudarles a empatizar con el acosado.

 

“El acoso escolar suele ser más una manifestación del problema que el problema en sí. Todos partimos con una base con la que tenemos que aprender a superar los obstáculos de la vida, ya sean con esos recursos o con otros nuevos, siendo muy condicionados por el contexto sociocultural”, concluyen los psicólogos.

 

Fuente y fotografía: Dmedicina