Los Duques de Cambridge se han comido la Gran Manzana. La pareja real le ha hincado el diente y solo ha dejado el corazón…, pero a todo latir. Los Duques han causado sensación en estas 48 horas de viaje oficial a Nueva York y aún más en su despedida, en la que recaudaron fondos para la universidad donde se conocieron y donde se enamoraron. El príncipe Guillermo y la duquesa Catherine fueron recibidos como invitados de honor de la Universidad de St. Andrews con motivo de la gala por su 600º aniversario en su última noche en la ciudad, y todos los ojos estaban puestos sobre la Duquesa que hizo su aparición más glamurosa de la visita real.

No decepcionó. La Duquesa deslumbró en el Metropolitan Museum of Art con uno de sus vestidos favoritos, una creación de seda azul de Jenny Packham, que hacía su tercera salida del armario en poco más de un año. El corte del vestido proporcionó a los espectadores una clara vista del creciente embarazo, que hasta ahora habían disimulado las prendas amplias que incluyó en su equipaje para este viaje. La Duquesa coronó su puesta de largo en Nueva York con unos preciosos pendientes de diamantes y esmeraldas, que fascinaron y con los que se ganó grandes elogios de los neoyorquinos… Sin faltar, por supuesto, el brillo de la maternidad.

Un total de 450 invitados esperaban saludar a la pareja real. Junto a la princesa Eugenia, prima del príncipe Guillermo, que ahora reside en Nueva York, se encontraban haciendo fila Oliver Sarkozy y su novia, Mary-Kate Olsen, y la editora de Vogue USA, Anna Wintour. Tom Hanks, que llevó a su hija a St. Andrews, iba a ser el encargado en un principio de proponer un brindis a lo largo de la velada, pero tuvo que retirarse por razones personales y fue sustituido por el cómico Seth Meyers. El príncipe Guilermo, patrón de la campaña del 600º aniversario, habló cariñosamente de su tiempo en la universidad: “No necesito decir cuánto significa St. Andrews para mí y Catherine”.

cambridge-5-a

“Ni que decir tiene a los de la sala que la educación que recibimos fue de primera clase. Louise, puede que tenga que taparse sus oídos en este punto, pero a menudo se dice que los estudiantes de St. Andrews abandonan la universidad en uno de estos dos estados: casado o alcohólico. Afortunadamente para Catherine y para mí terminamos casados. Pero para aquellos de ustedes que son padres de estudiantes universitarios ahora, les doy un consejo: pregúntele a su hijo o hija durante las vacaciones si saben lo que es Ma Bells. Si la respuesta es sí, quizás deban poner las copas de vino fuera de alcance”. El Príncipe se estaba refiriendo a un bar popular para los estudiantes de St. Andrews. Luego añadió: “Para Catherine y para mí siempre será un lugar muy especial y tenemos los más cálidos recuerdos de nuestro tiempo como estudiantes universitarios y de los amigos que hicimos allá”.

La velada incluyó una cena, celebrada en el Templo de Dendur. Los invitados cenaron de entrante sopa de patata y puerro, pasteles de pescado ahumado y de cordero al whisky, seguido de lomo de ternera de Angus y salmón escocés. Ese mismo día por la mañana, la Duquesa optó por no acompañar a su marido en la visita al Empire State Building, y descansar en su lugar antes de la cena y el largo vuelo a casa para reunirse con su hijo, el príncipe George. No faltó en cambio, como no podía ser de otra manera, a la visita del World Trade Center, donde 67 ciudadanos británicos perecieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Gris y lluvioso, el tiempo parecía acompañar a media asta al Duque y la Duquesa de Cambridge en este conmovedor acto de su último día. La Duquesa iluminó con su abrigo rosa el triste acto en la zona cero donde una vez estuvo las torres gemelas del World Trade Center. Allí llevaron un ramo de rosas blancas y dejaron una nota manuscrita en la que recordaron con tristeza a la víctimas del 11 de septiembre y expresaron su admiración a la ciudad por el coraje de reconstruir.

Fuente: Hola