El misterio de los espejos: ¿Umbrales hacía otras dimensiones?

La leyenda sobre éstos, nació nada menos que en Chile y habla de lo que hay más allá, de un simple vidrió para ver nuestra apariencia.

Los espejos no sólo son cristales especialmente pulidos de los que echamos mano para comprobar el aspecto que tenemos, también son superficies enigmáticas que, a veces, nos muestran esa imagen de nosotros que no esperamos.

 

De ellos se han escrito leyendas y cuentos, y se les han atribuido poderes mágicos y adivinatorios. Y las supersticiones en torno a ellos han perdurado a lo largo de su existencia.

 

Existe una leyenda mapuche que hablaba de la existencia de seres detrás de los espejos. Ésta fue una historia que se divulgó entre los españoles e hizo aumentar la inquietud acerca de los misterios que encierran esos objetos en los que podemos ver reflejado nuestro cuerpo, pero que ignora nuestro espíritu.

 

La historia que nos contaban los mapuches hablaba de un pez que habitaba tras estos cristales, además de otros seres que acompañaban al pez. Éstos se comunicaban con los hombres de tal manera que podían entrar y salir a través de los espejos, hasta que una noche sin luna los que habitaban en los espejos invadieron el mundo de los hombres.

 

A pesar de la fuerza de estos seres, un emperador, llamado Amarillo, los venció y los condenó a vivir sin poder escapar de los espejos e imponiéndoles la tarea de repetir todos los actos de los hombres e, incluso, parecerse a ellos. Hasta que llegara el día en que todos ellos volvieran a despertar y ser conscientes de su entidad.

 

Pero lo más inquietante de la leyenda cuenta que estos seres irán cambiando y dejarán de parecerse a nosotros, con los que nuestra imagen se irá distorsionando al tratar de vernos reflejados, invadirán nuestro mundo y en esta ocasión no serán vencidos.

 

El escritor Jesús Callejo Cabo, autor de Secretos medievales, narra en su libro las misteriosas historias que han rodeado a través de la historia a los espejos.

 

Los primeros espejos que eran de metal, oro, plata, bronce, obsidiana, cobre o latón, ya eran considerados maravillosos hace 4 mil 500 años. Pero estos materiales se volvían obscuros con el tiempo y opacos por la acción del aire. Se investigó con otros materiales hasta que en la isla italiana de Murano fueron descubiertos los primeros vidrios en 1507. Este invento fue tan celebrado que originó el primer gremio dedicado a su elaboración.

 

El precio de estos preciados inventos era muy elevado, por lo que su composición era secreta y no se permitía, por ley, transmitirla a los extranjeros. Sin embargo, secreto y leyenda hicieron de estas superficies brillantes objetos casi inalcanzables.

 

 

La magia

La inquietud que provocaba el reflejo de nuestra realidad creó incertidumbre incluso entre la Iglesia, y en tiempos de San Patricio se declaró que todo cristiano que creyera que los demonios podían verse en los espejos sería apartado de la Iglesia.

 

Sin embargo, adivinos y magos utilizaban sus poderes para buscar los secretos de la naturaleza del hombre y su destino. Pero también existían pendencieros que engañaban con el valor de espejos que no pasaban de ser de latón, y predicaban con ellos engañifas de futuro y proclamando lo que la gente quería oír.

 

 

La proliferación de estos objetos como útiles de adivinación dio lugar a la cataptromancia y cristalomancia, técnicas que fueron sustituidas por la bola de cristal más tarde.

 

Para poder conocer los secretos y el uso adivinatorio de estos objetos, muchos de los adivinadores decían poseer el Libro de Thot, que encerraba toda suerte de sortilegios y hechizos.

 

Entre las posibilidades que ofrecía este libro estaba la de poder crear el increíble Ankh-en-maat, que reflejaba en su superficie todo lo pernicioso que podía tener la persona que se cruzase ante él. Concedía, además, la posibilidad de comprender los movimientos del universo.

 

 Los espejos negros

Sin embargo, los espejos más relacionados con la magia eran los negros, construidos con obsidiana y fabricados en la provincia india de Agra, de donde procedieron hace miles de años los utilizados por los mayas.

El uso de este espejo con fines mágicos fue expandido entre los indios del norte de América, cheroquis, apaches y aztecas.

 

Así, el dios azteca de la noche, Tzcatlipoca, aseguraban que llevaba un espejo negro del que emanaban nubes de humo que envolvían a sus enemigos.

 

 

Fuente: EFE / Nueva mujer