Giambattista Valli Primavera Verano París 2015

Suzy Menkes — “Siempre construyo mis colecciones alrededor de una mujer y esta vez se trata de dos: Coco Chanel y Janis Joplin”, explicaba Giambattista Valli en el backstage, revelando así su doble inspiración.



Sobre la pasarela, tapizada con piezas cuadradas de una alfombra de flores, la cosa estaba entre la elegancia de Coco –la belleza hecha volantes blancos y discretos velos negros– y el espíritu deportivo de Janis –esos pantalones de sastre debajo de vestidos.

 

No, no es exactamente como el público de Woodstock se hubiera vestido, pero los cortes masculinos contrapuestos a la feminidad más suave creaban un combo potente.

 

Las colecciones de Giambattista son cada vez más luminosas y etéreas. Cada temporada, mientras va perfeccionando sus técnicas, se acerca más a entender como su clientela joven, estilosa e internacional quiere vestir.

 

Puede que el diseñador tenga la carga añadida de tener que pagar las elevadas facturas de la casa que él ha fundado y que lleva su nombre. Pero, a la vez, tiene la libertad de no tener que seguir una herencia, como otros.

 

El mejunje que él ha creado al mezclar su luminoso embellecimiento con la forma de hacer que un vestido de noche se mueva al compás que marca el cuerpo es inteligente y está lleno de arte. Su paleta de color también: limón como el de un sorbete, el frambuesa más pálido y el amarillo más primaveral; tanto, que dan ganas de comérselos.

 

Hay una oferta genuina en la Alta Costura –más sustancial, seductora y trabajada– de ese diseñador. Y dado que Chanel sigue siendo parte importante del show, de pronto me imaginé a Giambattista, en algún momento de un futuro lejano, moviéndose hacia el territorio de Coco. Ahí dejo un pensamiento de moda…

 

Vogue