Karl Lagerfeld da la espalda a Coco Chanel

Esperado desfile de la firma, que abandona en esta colección algunos de sus códigos clásicos….

Coco Chanel, interna durante muchos años en un convento, siempre eligió los colores sobrios de sus uniformes y de los hábitos de las monjas. Es por ello que la mayor parte de sus vestidos y accesorios conjugaron siempre el negro, el blanco y el color hueso. Karl Lagerfeld, en esta ocasión, ha dejado atrás el monopolio del blanco y negro, centrándose en cuadros, rayas, estampados y tejidos de colores, dándole cabida al rosa y al azul.

 

Huérfana y con pocos posibles en su infancia y juventud, Coco siempre hizo gala de llevar accesorios clásicos y elegantes. Trataba de ser más señora de lo que realmente creía ser. Sus zapatos, los clásicos salones bicolor, solo cambiaban para adoptar la forma de un slingback (zapato con tira trasera). Coco jamás hubiera deseado mostrar sus vestidos con sandalias de tiras anchas y plataformas, ni con peep-toes abotinados con empeines transparentes; pero menos aún hubiera permitido combinar sus ropa con zapatillas de explorador holandés tipo Birkenstock, de suela en caucho negro y cierres de velcro. Y eso es exactamente lo que ha hecho Lagerfeld de cara a la colección de Chanel para la temporada de primavera verano 2016.

 

Los vestidos étnicos de inspiración africana, con mangas anchas grandes lazadas centrales, tonos marrones, rayas llamativas y turbantes, no hubieran dejado de ser un mero traje típico senegalés para Coco. A ella no le gustaban los disfraces ni las ropas de países lejanos. Karl Lagerfeld, en cambio, llenó de vestidos africanos la pasarela de ayer.

 

Mezclar maxi pantalones con faldas largas hubiera recordado a Coco la enigmática danza de los derviches turcos en estado de trance, o las curiosas combinaciones de ropa de los guerreros de Afganistán, pero nunca se le hubiera ocurrido replicarlas en sus colecciones. Esto, exactamente, es lo que Lagerfeld ha seleccionado para brillar esta temporada.

 

Los vestidos de dibujos geométricos en colores ácidos, de corte años 60, flotaron en la pasarela de Chanel de ayer. «Mademoiselle», que así es como la llamaban en su taller hasta el día de su muerte, jamás hubiera elegido tejidos pop para sus sobrias colecciones. Su modernidad iba más bien por la vía de la simplicidad y el confort.

 

Siempre buscando la belleza de las proporciones, Coco tampoco habría escogido los sombreros de «a la corta» que ayer acompañaron a algunos vestidos: hizo acto de presencia una castrada emulación de los canotiers que ella había puesto de moda. Las gafas de espejo hubieran supuesto una abominable afrenta a su mesurada elegancia. Pero se habrían llevado la palma, las gorras americanas de beisbol colocadas hacia atrás que lucieron muchas modelos. Chanel sorprendió en su tiempo ofreciendo al guardarropa femenino los pantalones masculinos y las chaquetas de punto. Y es hoy Lagerfeld el que nos sorprende adoptando revolucionarias prendas y accesorios de los cinco continentes para las colecciones de la casa francesa más elitista. Es el juego de las contradicciones lo que define al nuevo Chanel.

 

Fuente y fotografía: ABC / MARÍA LUISA FUNES