Las primeras canciones anti-Trump de la Historia

Bandas como Arcade Fire y Gorillaz se suman a la tradición de rock a la contra y reciben al nuevo presidente de Estados Unidos con temas protesta

Ni siquiera ha hecho falta que moviese un dedo más allá de para redactar un par de tuits incendiarios o despachar con indolencia alguna pregunta incómoda: en cuanto Donald Trump ganó las elecciones, buena parte del mundo del pop dictó sentencia. Ahí estaba el enemigo, a punto de entrar en la Casa Blanca para sumarse a otras ilustres dianas del rock de combate como Margaret Thatcher y George W. Bush. Porque, quedó claro el pasado 8 de noviembre, las elecciones no sólo las perdió Hillary Clinton, también todas aquellas estrellas que le mostraron su apoyo abiertamente y declararon la guerra a Trump desde los escenarios.

Normal que, a la hora de preparar su toma de posesión, Trump fuese acumulando rechazos de destacados artistas como Céline Dion, Kiss, Justin Timberlake, Elton John, Bruno Mars, Adam Lambert, Katy Perry y Garth Brooks, entre otros, y no fuese capaz ni de convencer a la B-Street Band, banda clónica de la E Street Band de Springsteen. Al final, el nuevo presidente de Estados Unidos tuvo que conformarse con la estrella televisiva Jackie Evancho y el cantante de country Toby Keith, que actuó el jueves en el concierto de bienvenida.

Así, mientras el pop le daba la espalda y el todopoderoso rapero Kanye West se dejaba fotografiar con él pero se quedaba sin invitación para la ceremonia -«el sitio que tenemos para el entretenimiento está completo, es perfecto, va a ser típica y tradicionalmente americano», alegó Tom Barrack, presidente del Comité Presidencial de Inauguración-, otros andaban la mar de entretenidos grabando a toda prisa las que ya se han convertido en las primeras canciones anti-Trump de la historia.
Arcade Fire y el poder

Ayer, coincidiendo con la ceremonia de investidura en Washington, Arcade Fire rompían su silencio para publicar «I Give You Power», una oscura colaboración con la veterana cantante de soul y gospel Mavis Staples en la que avisaban a Trump de que quien le ha dado el poder se lo puede quitar.

Tan solo un día antes, el británico Damon Albarn reactivaba su proyecto paralelo Gorillaz para aliarse con el cantante Benjamin Clementine y colgar en la Red «Hallelujah Money», inquietante y claustrofóbica distopía en clave dub con la que vaticinan los tiempos oscuros que están por venir.

Una idea que también atraviesa «American Band», cotundente y demoledor trabajo con el que Drive-By Truckers, adalides del rock sureño, ya parecían anticipar lo que estaba a punto de ocurrir.

La victoria de Trump también ha conseguido devolver a la circulación a Audioslave, banda que formaron Chris Cornell (Soundgarden) y Zack de la Rocha (Rage Against The Machine) y que ayer ofreció su primera actuación en una década en el Anti Inauguration Ball, un concierto de protesta que reunió en Los Ángeles a Prophets Of Rage, Vic Mensa y al cantautor Jackson Browne. Antes de eso, Run The Jewels, el tándem de raperos formado por Killer Mike y El-P, ya había respondido a la victoria de Trump con «2100», una canción que, aseguran, aborda el «el miedo, el amor y el querer más para todos nosotros».

No son, ni mucho menos, los únicos ni los últimos ejemplos, pero si algo viene a confirmar esta oleada de tiro al plato musical con Trump es que el rock siempre han mostrado sus mejores cartas a la contra. No hay más que darse una vuelta por la espléndida exposición «You Say You Want A Revolution» del Victoria & Albert londinense para confirmar que el pop y el soul de los sesenta y los setenta no hubiesen sido lo mismo sin Vietnam, Nixon o la lucha por los derechos civiles. O pegar la oreja al pop británico de los ochenta para entender que el thatcherismo fue un carburante creativo de primera. Incluso algo tan aparentemente inocuo como el britpop de Oasis y Blur tuvo su propia lectura política, aunque por motivos completamente diferentes: Tony Blair lo utilizó para sus propios intereses y aquello se acabó convirtiendo en un desfile de replicantes que terminó con una monumental resaca.
«Rock against Bush»

El caso es que en Estados Unidos no se veía tanta unanimidad desde que George W. Bush accedió a la presidencia y un buen puñado de músicos empezó a airear su descontento en discos y canciones. La Guerra de Irak fue el gran detonante, y de ahí salieron airados calambrazos como «Living With War» de Neil Young o «Revolution… Starts Now!», de Steve Earle. Pearl Jam, los Beastie Boys, Green Day, Bruce Springsteen y R. E. M. también aportaron su granito de arena e incluso se puso en marcha el proyecto «Rock Against Bush», que cristalizó en dos recopilatorios impulsados por la banda de hardcore NOFX y con la participación de Bad Religion, Sleater-Kinney, Descendents, Rancid y Offspring, entre muchas otras.

Con todo, si hubo alguien que consiguió exprimir al máximo el potencial del pop como vehículo de confrontación, esa fue Margaret Thatcher, cuyo mandato influyó notablemente en las carreras de bandas como los Specials, The Jam, Elvis Costello, Billy Bragg, Everything But The Girl o The Beat. La Dama de Hierro es, muy probablemente, la gobernante que más soflamas pop ha acumulado, con el añadido que muchas de ellas se han convertido en auténticos himnos pop.

Ahí está, como no, la célebre «Margaret on the Guillotine» de Morrissey, canción que le costó al cantante de los Smiths una visita de Scotland Yard y una declaración por un supuesto delito contra la Seguridad Nacional. Pero hay más. Muchas más. Desde esa «Shipbuilding» con la que Robert Wyatt se posicionó contra la guerra de las Malvinas, al «Between The Bars» de Billy Bragg, pasando por «Shout To The Top» de The Style Council, la explícita «How Does It Feel to Be the Mother of 1,000 Dead» de Crass o la imbatible «Five Get Over Excited» de The Housemartins, el pop británico electrocutó la canción protesta y la mando de un empujón a la pista de baile. Ahora, con el foco de nuevo al otro lado del Atlántico, falta por ver si el mandato de Trump se traduce en una nueva explosión de creatividad a la contra.

 

Fuente y fotografía:  ABC