Maribel Verdú: «Tras el rodaje, lo último que quiero es terminar mis días en una ciudad»

La actriz protagoniza un emotivo melodrama sobre una madre que viaja a la Patagonia para que su hijo autista conozca a las orcas

Javier Estrada / El Mundo

¿Hasta dónde sería capaz de llegar una madre por mejorar la vida de su hijo enfermo? Ésa es la pregunta que gira en torno a Lola, el personaje que interpreta Maribel Verdú (Madrid, 1970) en El faro de las orcas, la nueva película de Gerardo Olivares. En ella, el realizador de La gran final, 14 kilómetros y Entrelobos describe la peculiar relación que establecen una madre, su hijo autista y Beto (Joaquín Furriel, Cien años de perdón), el responsable de cuidar de unas orcas que podrían ayudar al chico en su autismo y cuya historia se basa en hechos reales. Como admite la propia actriz, rodar este largometraje en una reserva natural de la Patagonia argentina ha sido ‘una experiencia vital’.

¿Qué fue lo que más te animó a participar en esta película? ¿El rodaje en plena naturaleza?

Ésta ha sido una de las experiencias vitales más grandes que he tenido en toda mi carrera. Y lo digo de corazón. Aunque fuera un riesgo…

«Le prestamos muy poca atención a la naturaleza y es muy importante… La naturaleza es energía»

¿En qué sentido era un riesgo?

Por el lugar donde rodamos. Grabar en plena naturaleza, donde estás sola porque no hay nada de lo que estamos acostumbrados a ver en las ciudades, podría haber sido terrible… o ser «la experiencia», en lo que al final se convirtió todo. Y algo que ya nadie me podrá quitar.

¿Cómo ha sido trabajar con Gerardo Olivares, el director?

Fantástico. Gerardo es una persona única, tan divertido y capaz de crear ambiente en un rodaje…

Parece casi que esta película te hubiera cambiado la vida…

Me ha dejado un poco trastocada. Sólo te diré que, a raíz de estar aquí, lo último que quiero es terminar mis días en una ciudad. Le prestamos tan poca atención a la naturaleza y es tan importante… La naturaleza es energía. ¡Y te lo dice alguien que de mística tiene bien poco! Cómo no iba a ser así en un lugar donde no hay seres humanos que incordien a las orcas.

¿Echaste de menos, como le ocurre a tu personaje, la tecnología en aquel lugar?

Allí, en plena Patagonia, no tienes la posibilidad de conectarte a la red fácilmente. Al principio te sorprende que no puedas enviar imágenes con tu móvil. Estamos tan acostumbrados a eso…

Fotograma de la película ‘El faro de las orcas’.

La relación con tu hijo en la ficción resulta muy natural.

Siempre busco la verdad en mis interpretaciones. Que el público se olvide de quien soy. Por eso trabajé mucho la relación con Quinchu Rapalini. Espero que se note en la pantalla. Y que la gente conozca un poco mejor qué es el autismo.

El personaje de Beto está inspirado en una persona real que escribió el libro que Gerardo Olivares ha llevado a la pantalla.

Tuvimos la suerte de contar con el Beto real durante casi todo el rodaje. Y Joaquín Furriel lo ha recreado a la perfección. Ha sido un gran compañero en este viaje. Vamos, que estoy esperando repetir con él en otra película. A ver si se convierte en lo mismo que fue para mí Jorge Sanz en el cine durante tantos años.

Tu personaje y el de Beto aparecen muy distanciados al principio. ¿Eres de ésas actrices que, para fomentar esa distancia, prefiere no ver a su compañero antes del rodaje?

¡Qué va! Sé que hay quien lo hace. Y le funciona eso de crear ambiente porque te tienes que llevar mal en la pantalla. A mí no. Yo necesito conocer a mis compañeros de reparto antes. Y, luego, a la hora de interpretar, ya las cogeré manía. Los actores estamos para interpretar. Y para mentir lo mejor posible y que la gente se lo crea.

¿Cómo de cerca estuviste de las orcas?

Aunque Gerardo se pasó muchísimas horas esperando para, al final, conseguir imágenes de ellas, sí que hay bastantes escenas con orcas recreadas digital y mecánicamente. Las orcas pueden estar semanas sin aparecer…